Amor en proceso (La primera etapa)

I

¿Por qué pretendes que te mire con tu peor maquillaje?
¿Por qué me visto de gala, si sudo mucho y babeo por las noches?
No me has visto moquear, ni has visto mi rostro hinchado al despertar
No te he visto manchando muebles con el desagradable rojo que mana de tus muslos
Si nos besáramos ¿Por qué chupar una mentita o lavarnos la boca?
Si te besara el cuello, tendría que tragar la saliva salada rápidamente
Si tocaras mi cabello, te limpiarías las manos en mi polo
Si te amara como eres, me amarías como soy.

Conversaciones con el espejo

Por: José Arén Aclos

¿Haz crecido?

Tengo 32 años…

Lo sé, sigues perdiendo el tiempo en pequeñas cosas haciéndolas grandes…
¿qué haz conseguido?

Trabajo estable, títulos, aprendizaje…

Galardones que tu mismo te colocas e inventas en muchos casos. Ninguno de los mencionados – y a propósito te detuve para que no sigas con el absurdo- son validos dentro de la sociedad en la que crecimos. ¿Qué vas hacer?

Me siento bien así, me siento bien conmigo mismo, porque he hecho hasta ahora lo que he querido…

Si, “lo que has querido”… Creo que ahí esta el eje de la problemática, lo que sucede es que a tus ojos son grandes pasos, y para los que te rodean es sólo aire. ¿Qué te consuela ha seguir buscando este camino?

El mérito propio, que no hace daño a nadie.

¿No hace daño a nadie? ¿Lo puedes asegurar? ¿Y qué es de aquella que te acompaña y siempre sale lastimada por tus infantiles errores?

En la vida estamos para ser felices.

¡Que miserable eres! ¡Egoísta!, el mayor de todos y el más absurdo. Te ufanas de haber conseguido todo sin tener nada. Sigue leyendo

La Estatua del huésped

Un monumento que pasó al olvido.

Por: José Arén Aclos

El Museo

Se abren las puertas del museo de pocos abriles y de muchos sueños. El salón de la exposición es simple, estrecho, con techos altos de arañas sucias. Aquí no hay piso de mármol, ni alfombra para reyes, ni tratos especiales por apellidos o edades. Este espacio cálido de variopinto dotes fue creado por héroes anónimos, su mérito yace en la esperanza con la que moldearon estas figuras de sólida fe, donde aún se pueden sentir sobre la superficie áspera que dejaron, los últimos retoques. Sigue leyendo