El ladrón y las cucufatas

Yadir G.

El robo

Escuche el zumbido en una milésima de segundo, para entonces mi brazo ya se había desprendido de la maleta que llevaba cruzada a través de mi pecho y espalda. Atónito por el acto, me quede quieto observando como ese tipo extraño que me despojó de mi ser huía como un atleta corriendo 100 metros planos en menos de 20 segundos sin percatarse que mi diestra sangraba, pero qué debería impórtale, para él ahora sólo era una figura muerta en su memoria.

Me cuestioné si esta gente podía ser regenerada según sus habilidades y encontrarles un puesto en esta sociedad para que se desarrollen con humildad con su don y sepan ganarse un plato de comida diario sin hacerle daño a nadie; total, en las cárceles maquillaban de esa manera la situación para hacer entender a todas las victimas que un ser humano puede corregirse acatando un castigo ejemplar. Sin embargo no era momento para razón sobre la naturaleza de su acto y sus posibles soluciones, era momento de colocar la denuncia. Sigue leyendo