¡Pobre hijos! ¡Pobre padres! ¡Pobre futuro!

¿Qué tipo de familias nos heredan la televisión nacional? Unos monigotes que fungen de muñecos ventrílocuos que repiten sin pensar las barbaries de una televisión acéfala. Padres e hijos que se indignan, respaldan o critican las miserias de “artistas” (¡ay! Putañosa acuñación hoy en día) que se ventilan a diario en señal abierta. Niños que tienen por héroes a “los combatientes” que jamás serán, en ninguno de los mundos posibles,  los mismos patriotas de la Batalla de Arica. ¡Jamás a pesar de tener la verija de un Pavón, podrán tener los huevos de Cáceres, El Brujo de los Andes! Mucho menos la gallardía de un Mauricio Diez Canseco sería comparable con la de un Caballeros de los Mares.

¡Los hijos cuántos disgustos causan a los padres! ¡Y los padres cuánto disfrutan de las comodidades de estos hijos de nadie! A esta noble tierra libertada por un argentino y un venezolano, cualquier hijo de vecino de Sudamérica llegar a ser “alguien. Se le sigue, se les endiosa cada vez que un niño llora por la firma o foto con su “ídolo”, no son Lolo, ni Cubillas, ni Chale, pero casi casi… se les puede llamar “Cracks”.  Se les pide hasta postular al congreso por un partido que irónicamente tiene de iconografía una estrella. Preparan libros que no solo recorren las librerías locales, quioscos, sino hasta llegan a la Biblioteca Nacional, mientras el escritor creativo, dedicado y sensible, termina empobrecido y despreciado como un Martín Adán muriendo en el olvido o desterrado como una Clorinda Matto de Turner. Basadre, Barrenechea, Valdelomar, Quiñones, Santa Rosa sufren apretujándose en los bolsillos de estos pobres diablos con billeteras Renzo Costa. Mientras madres asisten a sus clases universitarias con sus hijos en brazos, estos parásitos cierran discotecas de lunes a viernes y chupan Black Label. ¡Ay estos pobres padres que se sienten orgullosos del “talento” de sus hijos para fabricar dinero! ya no sienten vergüenza, y cómo sentirla, si miran el país a través de las lunas polarizadas de su camioneta del año o desde el último smartphone.

A quién le importa que Arguedas haya sufrido toda su vida por la reivindicación del indio y el folclor de la sierra, si una ex boxeadora dice que los que tocan las zampoñas son los “serranitos”. ¡Ay Vallejo! Si supieras que los Pacos Yunque aún no son libres por la culpa de estos complejos.

Si en 1780 ya hubiera existido la filmadora, la cinta con las imágenes de la revolución tupamarista ya hubiera sido suplantada por Fábrica de Sueños o Nunca Más. Qué diferencia entre los Llosa. Mario, nobel de literatura; Claudia cineasta de Hollywood; y Andrea conductora de un programa sensacionalista. Debería existir una norma por la cual podamos refutarle el apellido a alguien, así evitaríamos que un tal Aldo se apellide Mariátegui y que un “zorro” ensucie el Supe de una Blanca Valera.

¡Pobre radiografía de los hijos y padres! ¡Pobre radiografía del futuro! Pobre Basadre que anhelaba “La Patria invisible”, “ésa que será” y que nunca es…

Renegar de mi nariz sería…

Después de tiempo he vuelto a ver a dos amigos; están cambiados: Han remodelados sus narices. Uno ha sido más escandaloso que el otro en la transformación: Sus fosas anchas de toro emputado a punto de envestir, fueron sustituidas por los diminutos huecos del Ken de Barbie. Mientras que el otro solo ha «limado» las asperezas «sobrantes» de su tabique: «Una ligera perfilada; nada más.»

Al verlos me cuestioné mi propia nariz: Aguileña y porosa, en perpetua caída como una estalactita que nunca llegará a caer. Nariz que en el colegio me granjeó el mote de «tucán», «ñangón» o ¡cualquier ave!, en tiempos donde nadie acusaba ni al más cruel compañero de bullying.

Recuerdo la primera visita al otorrinolaringólogo (¡Semejante trabalenguas!), para ver el caso de mi sinusitis crónica. El especialista luego de la revisión respectiva me indicó que era una enfermedad tratable con pastillas y un spray nasal. Sin embargo otra opción era hacer una cirugía menor para acomodar el tabique desviado: Razón por la que ronco como Volkswagen y hago competencia de trombones desafinados con el vecino por la noche. Por curiosidad le pregunté si está «sencilla intervención» cambiaría el aspecto original de mi nariz. Respondió que si estaba disconforme con ella, podría hacer unos «retoques, aquí y allá» acomodándola a mi gusto. Cortésmente -después sonarme bulliciosamente los mocos con papel tisú-, me negué.

Renegar de mi nariz sería tirar de hachazos, -cual yunza-, todo mi árbol genealógico. Darle la espalda a mis abuelos, padres y hermanos; hasta a mis futuros hijos, que innegablemente heredarán algo de mis rasgos. No, no podría cambiarla porque por el contrario de los que se aventuraron a hacerlo, me siento orgulloso de esta nariz serrana, chola, mestiza, aguileña, afilada, machetera… Legado de una raza indómita.

Viviendo entre unicornios y arcoíris: Del fujimorismo y nosotros

Ojalá esta vez hayamos entendido algo del Fujimorismo. No solo es una facción política, se ha vuelto una “ideología”.   ¿Cómo luchar contra ella? No lo sabemos, nunca lo supimos y vamos a demorar en conocer las claves mientras nos encerremos en recordarle a la gente la dictadura de los 90’s, porque aquellos que son parte de su núcleo duro: o no quiere ver los crímenes de lesa humanidad, o no les importa la compra de diarios para la propaganda política o les parece una injusticia que el presidente que derrotó al terrorismo esté en la cárcel. Simplemente los seguidores del Fujimorismo siguen en una hipnosis que los mantiene en un plácido lugar entre unicornios y arcoíris del que no quieren despertar. Sigue leyendo