Advertencia: Se alquila habitación

Indiscutiblemente no existe cultura preventiva en el país. Lo demuestra –solo por referir un ejemplo reciente–, el incendio de la galería Nicolini (22-06-2017). Igual de indiscutible es que tenemos autoridades, no incompetentes, sino insensibles, inhumanas, que trabajan bajo el mantra: «Mientras no me pase a mí o a los míos, todo bien».

Al igual que esos conteiners superpuestos en los aires de la galería Nicolini, y que calcinó a dos jóvenes explotados cuyo jefe aún no ha sido sentenciado, existen otro tipo construcciones que tampoco son reguladas por las entidades correspondientes: Las habitaciones de alquiler.

El Boom inmobiliario no beneficio solo a grandes empresas constructoras, también lo hizo con las familias con casa propia que encontraron en sus techos, a lo sumo ocupados por tendederos de ropa o cachivaches, el espacio perfecto para construir cuartos prefabricados y alquilarlos a estudiantes o familias.

Para encontrar alguno, basta con ver la cantidad de anuncios pegoteados, uno encima de otro, en los postes, o tan solo levantar la mirada al cielo.

La gran mayoría están armados de Drywall y pegados con moco. Ostentan techos de calamina sobrepuestos por donde se filtra el viento. Son espacios estrechos, donde apenas cabe una cama de plaza y media, y una mesa de noche. Las paredes retocadas con pintura barata (blanca o crema de preferencia), apenas separan al inquilino de la intemperie. Son cajas de fósforo nada acogedoras, siempre frías y que rara vez se les puede llamar: Hogar. Se levantan en cualquier área disponible de la casa, no solo el techo o la sala, hasta el baño –dividido con un tripley enclenque– sirve para dormir (¡Increíble que ni siquiera sea un baño clausurado!). Por lo general son lugares de paso, donde los vecinos, que ni siquiera se saludan, viven temporadas cortas. Los universitarios son el prospecto de inquilino ideal: Salen temprano, regresan tarde; comen fuera; no se les permite el alboroto; y en vacaciones se despiden para retornar a sus casas. Cuando se trata de familias, la suma de adultos y niños aumenta la estrechez, aunque siempre hay espacio para una cocina. Carecen de extintores, botiquín de primeros auxilios y ¡ni qué hablar de salidas de emergencia! Todo tipo de cables se extienden como culebras venenosas que se van enroscando a sus inocentes víctimas.

Obviamente estás construcciones no son lícitas, y si lo fueran, La Municipalidad y Defensa Civil tendrían toda la responsabilidad sobre cualquier siniestro. La advertencia está hecha. Ojalá mañana no sea tarde para evitar más accidentes.  Y no nos sorprendamos al descubrir las condiciones en las que viven estos inquilinos.

La prevención salva vidas; la indignación no revive muertos.

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