Salivazos, la cultura del esputo

Apuntes sobre el asunto de la baba.

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Un niño de tres años camina de la mano de su padre, éste mientras va sin cuidado si el niño le sigue el paso correctamente, empieza a jalar escandalosamente todo el moco de la nariz chupándola hacía dentro, parece acomodar toda la caída de la mucosa en el paladar con gran facilidad. Sigue observando a los lados distraídamente, el niño también. La concentración salival es expulsada a unos centímetros adelante del camino del niño. Al caer la materia burbujeante es pisada por el chiquillo y ambos siguen su andar.

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El vigilante espera en la puerta de una casa algún recado de la vecina. Parado en el umbral no puede evitar el malestar gripal. Un estornudo lanza los microbios como aromatizador para baño. El hombre ha contagiado ya a todos los que transitan por su calle. Por supuesto no hay papel higiénico, algún rezago del moco queda colgando por lo que tiene que hacer uso de su manga de la chompa para limpiar. No bastó el ¡achís! Algo le sigue incomodando. Constriñe la cara, arruga al máximo la nariz, jala y jala, contiene en la lengua la primera parte del esputo esperando que caiga todo. El cuello se estira moviendo alocadamente la manzana de Adán. Listo el contenido, vuela el salivazo en medio del parqué de la vecina. El error es subsanado con el zapato. Simulando ser un toro a punto de envestir, el vigilante borra la huella del delito como puede. La dueña de casa no puede ver semejante majadería en medio de sus losetas pulcramente blancas.

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Los vasos tintinean, no es una fecha especial, pero se celebra con algarabía cada trago. La cerveza está helada, es Pilsen Callao o Cristal; chela para hombres, bien amarga ¡carajo! Algunos no resisten el ir y venir de los vasos (¿De dónde saldrá tanta plata para seguir comprando?), se van quedando dormidos sobre la mesa. No hay quien lo deje dormir en paz al pobre hombre, todos tienen que palmotearlo rudamente para decirle que «se deje de huevadas». Si no fuera la mesa del bar, sería una esquina de cualquier barrio cerca al proveedor de cervezas. Todos parados en la esquina siempre bloqueando el camino a los parroquianos. El área parece delimitada por los escupitajos y el concho de chela en el piso. Se toma y se vacila. Hay risas, llanto, broncas… Los pollos se expulsan rápido, un jalar de nariz, carraspera tosca de garganta, acercamiento de la saliva gomosa en la punta de la lengua y expulsión. Borracho distraído, borracho empapado.

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En el colegio nacional los juegos incluyen lapos, cuadernazos, patadas, puñetes, apanados, chilotes, ligazos, etc. Los chilotes más salvajes son los que algunos pendejos prefieren dar con la mano entera aunque la regla general diga que sea con dos o tres dedos. Esos pendencieros aún hacen más. Según la comunicación tradicional de los escolares (no sé desde qué época), el chilote que se da con la mano mojada, de saliva, es el que más duele. Imagínense ese dolor multiplicado por los más de veinte o treinta hombres en un salón de escuela estatal. La saliva también llegaba vía aérea. Todos se cagan de risa al ver parece a un compañero con su chompita ploma rellena de pollos blancos en la espalda. La receta: En la punta del dedo índice o medio, colocar un poco de saliva, solo la necesaria para que no se resbale de la superficie que la soporta, ayudarse con el pulgar a sostener al dedo cómplice para que funja de catapulta y ¡zas! Directo a la espalda o cabeza; de preferencia la espalda porque no se siente el golpecito, la cabeza avisa por medio del movimiento del cabello.

Para separar en qué lado de la chanchita se quiere jugar, se tiene que escupir sobre el campo que se elija. Para no invitar pan o bebidas a los compañeros, se escupen en el producto («envenenándolo») y luego se ingiere. Por el balcón del segundo piso, los de tercero, cuarto y quinto de secundaria escupen a los pobres niños de primero y segundo. Si una pelea es interrumpida por los respectivos compañeros de los luchadores tratando de sacarlos del cuadrilátero de boxeo, el más picón lanzará entre las cabezas la flema.

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Los Incas nos heredaron la llama, que escupe con tanta fuerza, que dicen que tal esputo, aparte de apestar, puede causar una contusión tan seria que te puede dejar adolorido por semanas. La hoja de coca se chaccha para soportar la altura o por costumbre en la sierra peruana. El sabor amargo, pero fortalecedor nos sigue por largo rato. Se puede aumentar la cantidad de la hoja cuanto alcance en la boca, pero no se recomienda pasársela, sino escupirla. Los chamanes hacen sus limpias con brebajes exóticos mientras los escupen con magistral destreza como el malabarista que controla el ron para lanzar el fuego de la boca. Los provincianos serranos tiene la costumbre de hacerle tributo a la Pachamama dándole de tomar el primer trago de la festividad, arrojándoselo a sus entrañas mismas: la tierra. Se podría decir que le escupen con mucho respeto. Los nativos de la amazonia hacen masato masticando la yuca y escupiéndola en un envase. La caña de azúcar se chupa, terminando se escupe el tronco.

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«¡Serrano o Cholo de mierda!» Se escupe con asco, maldiciendo la raza.

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Por la mañana la carraspera limeña nos obliga a batallar por expulsar la flema en la ducha, el lavatorio o el inodoro. Un ¡juacccc…! Porcino, ronco y estruendoso se escapa de la acústica del lugar. Se puede asegurar que en toda la cuadra se escucha.

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La herencia del porno actual: el esputo. Ensalivar el falo antes de penetrar. Humedecer los dedos antes de masturbar. Dibujar con los dedos de baba círculos en los pezones. Barrer a lengüetazos el cuello, la oreja. Lamer tetas, coño, culo, pene.

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La venganza de una empleada herida en el orgullo: Un escupitajo en la bebida del jefe. Los seseos de la lengua expiden saliva. Los hilos que se expanden como tela de araña en el labio inferior y superior, que se rompen al abrirse y se vuelven a unir al cerrase. La perturbadora saliva en la comisura de los labios que obsesiona mientras alguien habla. Escupir y mancharse los zapatos, la camisa, la barba. Engominarse el cabello con saliva. Lustrar los zapatos con los dedos mojados. Borrar el colorete del cachete con baba. Los niños hacen «burbujitas» con saliva. Babeamos al dormir. Sorbemos una bebida y un hilo finísimo de saliva es un puente entre la boca y la botella. Los besos babosos que los enamorados se limpian con la lengua o la mano, regresando a su sitio la saliva. Un raspón se ensaliva para limpiar la herida. Cerrar el sobre de una carta remojándolo con lengua; pegar la estampa de la misma forma. Parálisis facial, saliva chorreando. Jalar la saliva y tragar.

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