Viviendo entre unicornios y arcoíris: Del fujimorismo y nosotros

Ojalá esta vez hayamos entendido algo del Fujimorismo. No solo es una facción política, se ha vuelto una “ideología”.   ¿Cómo luchar contra ella? No lo sabemos, nunca lo supimos y vamos a demorar en conocer las claves mientras nos encerremos en recordarle a la gente la dictadura de los 90’s, porque aquellos que son parte de su núcleo duro: o no quiere ver los crímenes de lesa humanidad, o no les importa la compra de diarios para la propaganda política o les parece una injusticia que el presidente que derrotó al terrorismo esté en la cárcel. Simplemente los seguidores del Fujimorismo siguen en una hipnosis que los mantiene en un plácido lugar entre unicornios y arcoíris del que no quieren despertar.

Pobre gente que se ha se quedó afónica vomitando todos movimientos antidemocráticos del Fujimorismo en su apogeo, pobres marchas que tuvieron la delicada ilusión de tumbarse a Keiko, pobre de nosotros, los peruanos, que seguimos dando vueltas en el mismo círculo vicioso de las segundas oportunidades (García 2006, quizás mañana el Fujimorismo 2016).  Nos hemos gastado en ser esa memoria en un mundo donde los libros arden como el Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Un mundo donde los hombres tienen que memorizar rápidamente, por lo menos, los libros clásicos porque van a desaparecer con el tiempo y apelan a la transmisión oral de sus contenidos. Nuestras amígdalas quedaron inflamadas, nuestras esperanzas aniquiladas y nuestra indignación frustrada. ¿Por qué? Es justamente porque no entendiéndonos que era una especie de ideología y no dicen de ella “Matarán al hombre, pero no a la idea” (¿Creyeron que el lema solo funcionaba a la izquierda?).

La indignación ha sido un impulso que no nos ha dejado ver el panorama todo este tiempo. Hemos querido fomentar todo lo malo del Fujimorismo sin entender qué era lo “bueno” que los hace subsistir hasta el día de hoy, con mayoría en el congreso y con una candidata que nuevamente está en segunda vuelta con unos 39% de los votos nacionales. El mapa del Perú se ha vuelto naranja y solo algunos sectores del Sur se salvan porque son fieles a la izquierda.

El odio contra los chilenos después de dos siglos han sigue latente, decimos por ahí “Chilenos de mierda”, sin saber que trabajamos para ellos, que son uno de los mayores inversionistas en nuestro país. Es así, nos dedicamos a insultar a decir, debería ser así o asa, pero en realidad no entendemos cómo se maneja un país. Solo criticamos y nos sentimos mejores que ellos, sin demostrarlo. Cuánto nos costará salir de nuestro letargo por nuestros propios medios, dejar de ser críticos negativitas y convertirnos en propulsores de ideas optimistas.

Es sumamente difícil quebrantar una coraza ideológica, solo veamos la historia. El nazismo fue un fanatismo, lo mismo que el comunismo, ambos creían tener la solución a los problemas de los “suyos” y no midieron lo que habría que hacer para satisfacer sus necesidades. Hoy hablar con un miembro del MOVADEF es muy parecido que hablar con un Fujimorista, ambos tiene una posición que no se puede penetrar.

A pesar de los años, no hemos entendido el Fujimorismo. Nos hemos dedicado a fijar la vista en otra dirección, a tapar nuestros oídos cuando hablan y a evitar todo rose con ellos, porque eso no hemos podido conocer al monstruo por dentro. ¿Y cómo es posible derrotarlo si no lo conocemos? Imposible…

La estrategia fue y seguirá siendo: la memoria. ¿Qué memoria? ¿A caso no aplaudimos todos a Fernando Olivera cuando le canto sus verdades a García en el debate presidencial? Al día siguiente todo era gracia: Popy y su apoteosis. ¿De qué nos sirve el anacronismo del reclamo a estas alturas, si Alan ya fue dos veces Presidente de la República? ¿De qué sirve una marcha de los Cuatro Suyos parte II, si ya sabemos que hacer una segunda parte de una saga puede hacer tambalear de preocupación a los fans?

¿Por qué no los entendemos? Porque nosotros también andamos entre unicornios y arcoíris, no hay que negarlo.

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