El mundo en mi país

El año pasado realicé un viaje breve por vacaciones a Cartagena de Indias, Colombia. Días antes del periplo estuve conversando con una amiga que no veía hace mucho tiempo. Ella me comentaba que, por lo menos, cada medio año procuraba viajar a algún punto del interior del país; lo que me pareció genial y emocionante. Le sobre mis planes de visitar Colombia y tomar el sol totalmente relajado a pierna suelta en la playa, me reprendió como una madre a un hijo irresponsable “Deberías primero conocer el interior de tu país, antes de viajar a otros”. Por supuesto que después de este párrafo introductorio prosiguió con un largo argumento reprochándome sobre lo poco que me intereso por “conocer” mi país.

A mis 30 años he viajado poco, pude conocer Cañete, Pisco, Chincha y Tumbes, los más aventureros estarán moviendo la cabeza con decepción por mi poco “conocimiento” del Perú (Las comillas le pertenecen a mi amiga). No lo voy a negar, es cierto. Sin embargo eso no quiere decir que no me interese por mi país. Todo lo contrario, me interesa mucho nuestra situación y es por eso que me gusta ver hacía otros horizontes para saber cómo son los países de primer mundo.

Antes de acusarme nuevamente deberían tener en cuenta algunos detalles que demuestran mi enfoque y cavilaciones constantes sobre nuestras problemáticas. Amo el quechua, ese lenguaje amoroso que es intraducible en español, no por las palabras, ni la sintaxis, sino por la poética mística propia del idioma. El que me aproximó fue José María Arguedas a través de sus novelas y relatos, siempre priorizando que otros se contagien del amor que le tenía a su terruño. No me bastó la literatura para comprender el problema del Runa Simi, me preguntaba constantemente por qué se le tiene como un lenguaje marginal que sólo lo hablan los paisanos. Descubrí que tanto como el francés, inglés o español, el quechua está presente en nuestra vida cotidiana sin siquiera saberlo o asimilarlo y apreciarlo como tal. Sólo por tomar un ejemplo “Mamacha” es quechua, vendría a ser algo como “Mamita” o “Mamacita”, por supuesto que ese mamacita no lleva ese tono soez con el que algunos hombres piensan que están dando un cumplido a una mujer bonita, por el contrario ese mamacha en quechua tiene el son amable, caluroso y amoroso para una madre inmaculada. No está de más acotar que el mamacha también ha sido vulgarizado por los sociedad tornándolo en un calificativo despectivo.

No deseo alargarme más sobre mis pocos y humildes conocimientos sobre nuestros problemas sociales, porque tendría que pasar por todos los libros que he leído y sobre todo por todos los intelectuales por los que me guio en la vida como por ejemplo José Carlos Mariátegui, Salazar Bondy (Los dos hermanos), Valdelomar, María Jesús Alvarado, Cloridan Matto de Turner, etc.

No quiero irme por las ramas, así que regresaré al tema central.

¿Qué podemos aprender de nosotros mimos desde adentro? Definitivamente mucho: costumbres ancestrales, don de gente, estilos de vida, etc. A su vez ¿También no podríamos echar un vistazo afuera?

En uno de esos días que las cervezas hacen juntar a los amigos y debatir ideas interesantes, pregunté a mis colegas ¿Cómo creen que debería ser visto Perú internacionalmente? ¿Por qué se nos conoce en el exterior? ¿Sólo por tener una deliciosa gastronomía? ¿Por nuestros paisajes naturales? En pleno siglo XXI ¿Cómo se nos debería conocer? Las respuestas eran predecibles: Gastronomía y los Incas. Básicamente por nuestra historia. No obstante esos dos rubros ya son innatos en nosotros, digamos que son valores por defecto. A Finlandia se le conoce por ser uno de los países con mejor educación en el mundo, a China por tener una fuerte industria tecnológica y textil, a Chile por sus consorcios que invaden Latinoamérica, etc. ¿Y nosotros?

De aquella conversación que nos hizo divagar sobre nuestro estancamiento evolutivo, llegamos a la conclusión de que deberíamos ser reconocidos por nuestra creatividad. (Ya lo había dicho Inca Kola, pero el marketing tiene la perspectiva de engatusar consumidor, no de crear una identidad nacional). Positiva o negativa, nuestra creatividad se ha amalgamado en nuestros genes, lo comprobamos desde la creación de un almuerzo ahorrativo y delicioso, hasta las creatividad de las pasarelas en Gamarra; la creatividad se distribuye en todos los ámbitos.

Regresando al tema.

Desde este año (2015), el diario La República está distribuyendo el diario español, El País. La colaboración entre ambos se da de mucho antes con reportajes dentro del propio diario nacional, sin embargo esta alianza ha hecho posible que El País llegué físicamente en su edición internacional en algunos quioscos de Lima. Desde hace poco, le encargué a mi casera del puesto de periódicos que me lo traiga interdiario, al poco tiempo cambié de idea y ahora lo recibo a diario.

No me están pagando para hacer el cherry a El País (sabemos que sería una pobre inversión). Leer un diario internacional te permite vislumbrar como está el mundo y cuáles son sus avances –y retrocesos- en sus respectivas sociedades. Por ese medio me entero sobre política, cultura y sociedad (Por gusto personal excluyo los deportes). Mientras aquí la Municipalidad de Lima borra murales, en Fanzara, una localidad de Castellón (España), los artistas han convertido al pueblo en un referente del Street Art; en Singapur se habla del ex primer ministro fallecido recientemente Lee Kuan Yew, que llegó a transformar al país en un Estado sin corrupción; o de cómo podría mejorar la vida de los cubanos con el levantamiento del bloqueo de Estados Unidos a la Habana. Noticias interesantes de todo tipo de las que se aprende mucho sobre las sociedades en el mundo y sus culturas (Lo que engloba el ser humano).

Sin dilatarme más, este artículo es mi respuesta tardía a mi amiga que me acusa de tener pocas calle con respecto a mi país, lo que podría ser cierto por un lado, por el otro, cada uno tiene su área de estudio, no todos jugamos fútbol, viajamos o curamos a los enfermos, todos somos diferentes en los intereses individuales. A lo que mí respecta, me gustaría viajar más seguido fuera de la costa, sierra y selva nacional, quiero llegar a conocer otras comunidades y otear en qué nos deberíamos concentrar en pos de un progreso significativo, un avance que no se basa en la economía sino en valores colectivos, que bastante falta nos hacen. A los miopes que no puedan adivinar el mensaje del escrito, que les quede claro: Me interesa el mundo a medida que me ayuda a conocer mi país.

 

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