Marchas y manchas[1]

Elcomercio

¿Por qué una marcha contra una reforma laboral convoca a miles y por qué no sucede lo mismo con la protesta por la Unión Civil o por el borrado de los murales de Lima?

El año de las marchas

El 2015 empezó convulsionado con una marcha para derogar el decreto de la ley laboral juvenil, que congregó en la Plaza San Martín y aledañas, a miles de jóvenes que se empecinaron en que sus voces en derribar las paredes palaciegas y llegar a los oídos del presidente. Lo lograron, después de una serie de protestas, la ley quedó anulada. El júbilo de la sangre nueva, del futuro que “nos hace creer en un mejor país” (Según el comentario de un usuario en un portal web) fue incontenible. Las historias de los protagonistas se prolongarán seguramente hasta su vejez, porque no hay mejor batalla ganada, que la ganada contra un sistema opresivo ¿no?

En esa oportunidad, partidos políticos, asociaciones de trabajadores, comités vecinales, universitarios y hasta escolares que dejaron de ver Combate y Esto es Guerra en esos días para salir a la calle, formaron una gran coalición heterogenia en pos de un bien común; justicia social. Entre estos gremios, también se encontraban éstos otros: los de LGBT (Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales) y artísticas urbanos.

Los LGBT han realizado una marcha estos últimos días buscando la aprobación de la polémica ley de la Unión Civil. A pesar de sus voces de protestas y sus caminatas enarbolando banderas coloridas, el congreso les ha denegado un derecho que consideran fundamental. Ahondar sobre este tema está de más, quiero ser concreto y concatenarlo con otro.

En esos días también nuestro “Roba, pero hace”, el conspicuo Alcalde de Lima, Luchito Castañeda anunció que los murales que ayudaron a iluminar un poco nuestra Lima La Horrible del siglo XXI, iban a ser borrados con el pretexto de que el Centro histórico debe permanecer lo más original posible (Hay que dejar que se caigan los balcones no más: Hiperrealismo), y que un artística vinculado al movimiento político MOVADEF se había encargado de algún mural desolado con permiso de la anterior gestión para hacer, -en su paranoia- apología al terrorismo. Y así fuera de esta manera me preguntó ¿Acaso los presos no tiene también libertad para pintar y expresarse? (Sorry chino).

De más a menos

El filósofo más importante de Francia en el Siglo XX, Jean-Paul Sartre (París 1905 – 1980), postulaba que las personas que conforman un grupo pueden tener un punto de vista en común a lo que se refiere a un tema en concreto, por ejemplo en el caso de la Ley Laboral Juvenil, todos los asistentes querían su derogación. Sin embargo ese grupo está conformado por individuos con sus propios valores y creencias, que harán que le supondrán un tema filosofal cuando estén expuestos a una situación crítica que se relaciona con esos valores. Para seguir con el ejemplo anterior: Si yo soy miembro de un conglomerado asistente a la marcha y de pronto el jefe del movimiento me propone tirarle piedras a la policía, haré lo que mis valores me dicten en ese momento, es decir, puedes elegir en tirar, o no piedra.

¿Demasiado preámbulo para lo que quiero transmitir? No lo creo.

El mar de gente que congregó, no sólo en lima, sino también en provincias, la marcha por la derogación de la ley de trabajo juvenil, no es ni la mitad de la que participaron en la protesta por la Unión Civil, y comparar está anterior, con el pequeño plantón tratando de salvar los murales en el Centro Histórico de Lima, sería ridículo. Entonces ¿Qué nos une y qué nos fragmenta?

La lucha por lo tangible

Convengamos que en común todas las marchas se sitúan en el ámbito social, el deber de defender un derecho, la indignación contra el estado y en que la primera marcha de la que hablamos estaba compuesta por miembros de las otras dos. Son como los dinosaurios de los Powers Ranger que se unían para hacer un gran y único robot, obviamente mucho más poderoso que por separado.

Si esta simbiosis de la que hablamos ya estaba hecha ¿Por qué se deshizo? Ensayaré unas respuestas.

Juntos pero no revueltos

Primero. Era una necesidad de la gente la marcha contra la reforma de ley laboral juvenil. Aquí no importaba, religión, raza, ni opción sexual; dilucidamos la teoría de la utopía social puesta en práctica, por eso el comentario de esa internauta que decía que ha vuelto a creer en los jóvenes peruanos.

Segundo. El motivo de la junta fue ese tema en concreto al que se refería Sartre, en este caso la gente se sentía indignada porque el gobierno iba a ofrecer mano de obra barata para que las grandes empresas sigan esclavizándonos (¿huele a siglo XX?).

Tercero (El que más me interesa). Además de tratarse un tema de dignidad social -para aunarlo al párrafo antecesor-, está por delante el aspecto económico (tangible) que es relevante en nuestras vidas.

Las marchas por la Unión Civil y los murales (Arte), se transmutan en luchas intangibles, de derechos impalpables. ¿Por qué no marchamos multitudinariamente para exigir una mejor educación, como por ejemplo lo han hecho en Chile? ¿Por qué no marchamos para que el Corredor Azul mejore en vez de regresar al caos? ¿Por qué no protestamos para que la policía sea como era antes: un ente confiable? Tantos porqués poco populares, desalentadores…

Cuando los pulpínes ganaron la batalla, pensé: Ahora toda marcha social va a tener esa misma convocatoria. Sin embargo me equivoqué.

Somos los mismos

Defender un futuro puesto de trabajo es imperativo; defender los derechos de un sector de la población o el arte, es irrelevante. En caso de los LGBT, sabemos que aún vivimos en una sociedad cucufata, conservadora que rehúye a los cambios y teme adaptarse a una realidad irrefutable. Por otro lado el arte nunca ha sido considerado una materia de peso en la comunidad, artistas que pintan murales como Eliot Túpac, son menos conocidos que cualquier personaje de Al fondo hay sitio o amor amor amor. Es más, a pesar de todo el esfuerzo que han hecho los artistas por lograr acercar su obra a las masas, han fracasado. Ya lo dice Mario Vargas Llosa en su libro de ensayos, La Civilización del Espectáculo, la aristocracia ha sido la gran celadora del arte en todos los tiempos.

¿Cómo queremos evolucionar como país, sino podemos superar estas taras? ¿Acaso ya hemos hecho los grandes cambios que una sociedad necesita para avanzar? Afuera en el mundo, sí, importa el dinero, pero también el corazón, la sensibilidad de la tolerancia y la identificación con nuestros semejantes aunque suene bíblico (De lo que estoy muy lejos). ¿De qué nos sirve ser mancha, si individualmente seguimos siendo los mismos de siempre?

18 de marzo de 2015
Yadir G.

[1] Mancha: Sentido coloquial para definir a un grupo.

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