El fenómeno Pulpin

Algunas ideas de los efectos que podría causar a los jóvenes la marcha contra la ley pulpin.

No se sabe a ciencia cierta qué tipo de fenómeno disuadió, de un momento a otro, a miles de jóvenes peruanos a protestar contra el Régimen Laboral Juvenil. Lo que sabemos es que ya van tres días de protestas y hasta ahora no se ha dado marcha atrás con la aprobación de la ley. Se habla seguido sobre los beneficios o lo perjudicial que puede ser la instauración de la ley para los jóvenes, sin embargo nos falta hablar del fenómeno en sí, de los jóvenes, esa masa heterogenia que busca un fin en común, ¿en qué podría terminar todo esto? Aquí unas luces.

De La Charanga Habanera a Chopin

A Jorge Rodríguez Ríos, representante del Foro Juvenil de Izquierda, en una entrevista en el diario La República le preguntan: “¿Sientes que las consignas que siempre ha enarbolado la izquierda están reconquistando a la juventud? Porque hay muchos jóvenes apolíticos que han encontrado puntos de coincidencia con el movimiento.” Jorge tiene una respuesta bastante curiosa: “(…) Son jóvenes que antes estaban viendo ‘Combate’, ‘Esto es Guerra’ o solo andaban en el Facebook, ahora están saliendo a las calles.” Esta respuesta da pie a un par de preguntas con respecto a este grupo de gente asistentes a la marcha, “los apolíticos”, porque está claro que el resto pertenecen a un gremio, sindicato, partido político o alguna forma de agrupación ¿no?

Me pregunto entonces ¿Cómo este sector de jóvenes que estaba muy cómodo con nuestra grandiosa televisión (que se entienda la ironía), despertó de un día para otro con el bichito de la política, del civismo o del patriotismo – cómo quiera llamársele? ¿Cómo se dio ese gran cambio en pocos días? Es como si dijera en este momento que hasta ayer me gustaba La Charanga Habanera y hoy Frédéric Chopin. Aunque suene bastante exagerado – y seguro lo es-, sucede algo similar con los jóvenes apolíticos en la marcha; un público bastante fácil de edulcorar activando las glándulas revolucionarias.

No es necesario presentar tablas porcentuales para reconocer que los peruanos no somos grandes lectores. Lo sabemos bien, aunque nos dé vergüenza. Tenemos el peor número per cápita de libros leídos por año (1) a comparación de Finlandia donde los libros leídos anualmente per cápita son 47 – echando un ojo rápido a cualquier documental sobre la nación escandinava nos podemos dar una idea sobre su afán por la educación. Todo nos lleva a colegir lo que sucede hoy en día. Los chicos que están en las protestas, quizá en su gran mayoría (o tal vez minoría), no han leído la ley (4 páginas que puedes encontrar en internet), no conoce de política porque la consideran aburrida y prefieren el entretenimiento mil veces más que cualquier otra actividad. Insisto es sencillo verlo, prende el televisor y te toparás con reporteros haciendo entrevista en el Jirón de la Unión con una cartilla con dos imágenes en ambas caras, en el anverso la de Andrés Avelino Cáceres y en el reverso con Andy V ¿Adivina a quién reconocen más?

Sin embargo me reprenderás: o sea por qué la gente no lee está menos informada. La realidad es esa. No se puede imaginar a una persona culta sin lecturas.

Ahora sabemos que existe el internet que es un canal que te facilita todo tipo de data para estar al día, no solo con el país sino con el mundo. Mas siempre se habla sobre la eficiencia que puede tener este instrumento para los jóvenes, la sobreinformación nos golpea a diario, sin mencionar que el medio por el que provienen puede ser de dudosa procedencia. Con esto no quiero decir solo que hay gente que genera información que puede despistar más allá de dar más luces sobre algún asunto que nos interese, sino que por lo general, los medios de información ya tienen un línea editorial que respetan y son muy pocos los que son fielmente independientes, lo que me hace presentir que siempre nos acomodaremos a la noticia que más toque íntimamente nuestras preferencias emocionales, más que las racionales.

Para la campaña del 2006 para las elecciones presidenciales pasó algo similar con respecto a la gran convocatoria a los jóvenes de Lima, una gran porción de ellos vieron a PPK como un líder político y sin pensarlo dos veces ellos se convirtieron en PPKausas. Hay bastantes similitudes con lo que pasa ahora. Normalmente en elecciones todos se ponen a hablar de política, hasta los apolíticos, hay quienes están más preparados (entiéndase leídos) que otros, pero finalmente en democracia toda opinión es válida. En esa ocasión los muchachos se pusieron la camiseta rápido, un marketing bien encaminado le dejo tomar las riendas de este sector a PPK; curioso es que un hombre cuasi adulto mayor, tenga tanta acogida con los jóvenes ¿no? (El milagro del mercadeo). Los jóvenes que lo acompañaron sintieron empatía por el político porque se mostraba como el mesías, como un hombre rejuvenecido que confiaba en la juventud, el personaje que haría que el rumbo del Perú mejore. Hasta ese momento los otros políticos ni les interesaban enamorar a este sector. La glándula que activo PPK en la población más joven fue la que te propone ser protagonista de un cambio necesario para el país y como diría un personaje de La Condición Humana del francés André Malraux: Todo hombre sueña con ser dios.

La glándula revolucionaria

Concordemos que los jóvenes de hoy están más ocupados en el entretenimiento que en la política; una es un relajo, la otra una tensión.

Es sorprendente cómo el muchacho que va a la marcha, y del cual me encargo ahora, piensa que con lo poco que sabe entiende todo; es pragmático. Si este fue un estallido de genialidad, de inteligencia ¿Cómo es posible entonces que la gente se mate leyendo, investigando, informándose para que de la noche a la mañana el lumen de la sabiduría nos visite sin más? (Hadita traviesa ésta)

He hablado de un libro llamada La Condición Humana, lo acabo de leer hace un par de días, es interesante esas coincidencias que llegan a nuestra vida a veces. El tema central de la novela de Malraux es la guerra civil desatada en China a principios del siglo XX donde el partido comunista se enfrentó al partido nacionalista en el gobierno, llamado Kuomintang. Uno de los protagonistas Chen, tiene la misión de tirar una bomba en el auto que traslada al gobernante chino de turno. Lo trascendental de su misión es que Chen quiere morir cumpliendo su misión porque cree en el terrorismo, lo que lo lleva a saltar encima del carro y hacer detonar la bomba junto con él. Por supuesto muere.

No creo importante discutir las cuestiones ideológicas en este momento, sin embargo Chen se parece un poco a esos jóvenes que están allá afuera inmolándose creyendo hacer un cambio; y se juzgará que otros como yo solo escribimos o hablábamos, que somos los comentaristas de la web y que estamos sentados criticando por medio de un teclado, ni modo es la forma de ver de cada quien. Con todo el alboroto es poco lo que queda por reflexionar conscientemente, ¿realmente hacemos un cambio? Lo pregunto porque sabemos que el siglo XXI ha cambiado todos los parámetros de la vida en la tierra, existen activistas (No como los que cagan el patrimonio nacional), artistas, políticos, cocineros que han puesto una semillita para ir reformulando el camino de nuestro país sin decir más, sin hacer mucha alharaca de la situación, su revolución fue silencio, pacifica, espontanea, nadie le pidió nada a estos señores, sin embargo ahí tenemos un Gastón (Que hasta ahora rehúye de la sucia política), un Juan Diego Flores, Mario Testino y demás. Una larga lista de etcéteras que tuvieron que buscárselas por su cuenta. Es decir ellos también tienen la glándula revolucionaría que ha sido encausada positivamente sin herir ni herirse en el camino aunque obviamente todo supone un sacrificio.

Nuestra responsabilidad

Hay un dicho insulso que dice: Los jóvenes son el futuro del mañana. Por supuesto, así como lo fueron los adultos corruptos del hoy ¿no?

A lo que quiero llegar, y ya para finalizar, es que los jóvenes tenemos que estar más atentos a las jugadas políticas, es fácil dejarse llevar por la idea de levantar la voz para cambiar el futuro, pero como dice el tío Ben a Peter Parker (El Hombre Araña): “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. ¡Que frase tan veraz! Tenemos nosotros una responsabilidad: informarnos, comprender, analizar, no solo activar el cuerpo sino la mente y el corazón, sopesar todas las aristas del mismo juego y tratar de ser lo más imparcial posible con nuestro juicio eso es lo que nos hace diferentes, eso nos convierte en mejores seres humanos y no en un juguito de cajita tetrapack.

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