Borrones infinitos: El novelista por excelencia

Esbozo de cómo Dios creo está gran novela que es la vida y de cómo Él es el novelista por excelencia.

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¿Qué crear? (Página en blanco)

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Hice perceptible mi eco. Alzaba mi voz en el blanco infinito de la nada. Escuché mi voz, la modulé como quise. Rebotó y revoloteó en mí una sensación. ¿Qué crear?: Lo sé, mi alter ego. Un ser que sea yo, pero a su vez que no lo sea, que encuentre excusas y aciertos, que sea lo que yo quiera.

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Yo, me dibujé, siempre quise tenerme como un reflejo, verme y ser totalmente extraño a la vez con respecto a esa imagen. ¡Oh, que excitante sensación! (Fondo totalmente blanco… blanco absoluto) Miro mi rostro, es sólo un circulo, con esta figura empezará y terminará todo. Lo dotaré de palabras.

-Hola mi pequeña creación, le digo.
-Hola mi pequeña creación, me responde.
Pienso ¿Fui demasiado precipitado en darle mis propios pensamientos? Borrón.

*

Anotación: Darle ojos para que me vea, darle boca para que me hablé.

Dentro de ese círculo simétricamente aparecen dos esferas a los que yo llamo ojos. En un cuarto de casi terminando el rostro coloco la boca, para que cuando quiera comprender mis palabras mire mi boca sin topar con la distracción de mis ojos. Listo.

Pensamientos propios. Es un ingrediente perfecto, aunque tenga que darle todo mi conocimiento, no puedo permitir que mi creación vaya contra mí, así que debe ser confusos sus conocimientos, deben estar guardados para diversas etapas, sino cómo evolucionarían mis personajes. Me es inevitable pensar en todo.

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Sería muy aburrido darles detalles a todos mis lectores futuros sobre el proceso de creación así que me saltaré a comenzar la novela.

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Y creé el mundo, donde animales y naturaleza eran uno. Cada cosa puesta sobre la tierra tenía una función y seguirán su destino hasta el infinito cíclicamente. Mi primer personaje entra en escena. Adán está ahí en el jardín del edén explorando todo lo que en su alrededor se mueve o está inerte. Es todo nuevo para él, las plantas, las montañas y el aire mismo que rebota en su rostro y lo acaricia.

Me llama constantemente porque sienta la imperiosa necesidad de hablarme. Quiere saber qué hace ahí y como seguirá la historia. No le digo nada, lo encuentro divagando por el edén sin saber qué hacer, se aburre y yo también.

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Entonces creé el mundo en siete días, luego al que llamo genéricamente El Hombre. Ahí está descubriendo todo lo que en su vista se le cruza. Usa todos sus sentidos para percibir el mundo en su cuerpo. Los animales lo miran con extrañeza, lo ven solo, torpe, fofo, sin motivos para vivir. Ellos mismos se ven en parejas; y de ahí saca su idea Adán: Padre, -Me dice- si tuviera pareja como todos los demás animales, sería interesante, conversaría mucho con él, sería mi acompañante.

Al que se refería Adán era a otro hombre, lo pensé por la noche mientras lo veía dormir desnudo en medio del jardín de edén. Casi parecía su cuerpo inerte el primer día, sabía lo que hacía ahí tendido en el pasto, y se me ocurrió algo: Por qué no crear la esperanza y la angustia, entonces llame muerte a esos dos sentidos que se metamorfosearon en uno.

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Un hombre, y otro hombre en el edén, los dos con el mismo nombre y pertenecientes a la misma especie. Los mire mucho tiempo los dos se tocaban, parecían como si pensarán que solo fueran reflejos, tocaron todo su cuerpo. Borrón…

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Adán caminaba por el jardín del edén y entonces encontró a una especie parecida a él, pero con cabellos más largos y un cuerpo fino. Este ser le dijo su nombre: Eva. Era una creatura del Señor como él, pero era hembra para que como los animales él tenga su pareja. Se sentaron bajo un árbol miraron el cielo largo rato, sin hacer nada. Que aburrido, no escribo nada interesante hasta ahora.

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Con el mundo ya creado, los animales paseaban al lado de ellos. Adán disfrutaba dormir bajo un árbol mientras Eva, salía a caminar junto a los animales y ver qué hacían todo el tiempo que desaparecían de su vista. Conoció entonces a un noble animal, lo llamaban serpiente, era un animal hermoso que se hizo amigo de Eva. Él, lo llevo junto a un río y le narraba las historias de como a su creador; el creador de todo; se le había ocurrido darle sentido a todos los animales.

Absurdo, aburrido y absurdo. No puedo creer que no pueda hacer trama más interesante que esta.

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Capítulo de la tentación

El árbol de los tachones anteriores simbolizará el conocimiento, la tentación del hombre por saber lo que sé yo: Todo y nada.

Entonces Dios dijo: No comerán de ese árbol, se los prohíbo, todos los frutos de aquella vegetación es rancio y solo puede significar la muerte.

Adán y Eva no sabían de lo que hablaba Dios, pero el tono de su voz los asusto e hizo que se retirarán de aquel espacio y no regresaron más. Borrón y cuenta nueva.

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Les dije: No comerán de ese fruto, porque yo les digo.

La amenaza excitó más a los dos habitantes del edén y fueron en camino de aquel árbol, entonces la llamada serpiente se les acercó. El animal era sabio y hermoso. Eva ya había estrechado lazos de amistad con él y confiaba. (Oh, qué grande soy encontrando las tramas, aunque me demoré mucho en aumentar los ingredientes de una novela perfecta, ya los tengo. Oh…) Eva curiosa por la manzana y maravillada por la confianza que le representaba la serpiente se acercó al árbol y comió del fruto, fue entonces que invitó a Adán a comer de él y ambos, por primera vez, se vieron desnudos…

(…)

Lo que sigue ya lo sabemos todos, o por lo menos eso es lo que nos contaron (Literatura).

*Fin

Y así dejamos a el único imperecedero y omnipotente NOVELISTA(con mayúsculas con mucho respeto no vayan a tachar a este humilde autor de hereje) escribiendo una historia sin fin con interminables amores, temores, guerras, horrores, alegrías, tristezas, evolución e involución, con traiciones y mentiras, con lealtades con sangre y progreso, con todo el diccionario de la existencia que es su cabeza, con toda la naturaleza a su antojo (totalmente maleable) para que siga sin preocupaciones y muy entretenidamente su narración. Él tiene el mejor premio: su entrenamiento y nosotros el peor de los males, ser su instrumento de diversión.

Reflexión del autor de este texto: Dios es el novelista por excelencia. Hay que entender que su grandiosidad proviene de su yo omnipotente. Pudo hacer todo fácil, pero seguramente aburrido y sin sentido. Con el tiempo nos hemos dado cuenta que no es un gran estilista, no obstante es EL GENIO del todo. Ya hubiera querido cualquier novelista que conocemos escribir La Gran Historia, sin embargo todos son pequeños trozos de mentiras que entretienen al bien supremo: El Señor. Y punto.

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