Días Perros: ¿Acabarán cuando se vaya el sol?

baile

Walter observa como Geti hace un strip tease

Director: Ulrich Seidi
País: Austria
Año: 2001
Duración: 120 min.

Solo voy a analizar algunas escenas de la película

Calificar una película como Días perros es sumamente difícil. Primero, no es fácil de digerir, el director quiere que te sitúes en las historias, que conozcas un poco de los personajes para luego desarrollarlos; aunque esto no quita el inicio violento que tiene el film. Segundo, la ausencia de musicalización en cada escena hace más puro y silencio el lenguaje del largometraje. El espectador es un cómplice mudo de los acontecimientos; es una propuesta más realista, más documental. Tercero, la mayoría de desnudos son de adultos mayores, uno cree que ya ha visto suficiente con los pechos de una mujer casi octogenaria, pero el director va más allá y te muestra la realidad desnuda. Esto último para muchos puede generar un síntoma de rechazo hacía las imágenes.

Los aburridos días de sol

Es verano en Viena (Austria), hace un calor insoportable; a esta ola caliente se le llama Hundstage (Días perros). No es de extrañarse que el espectador se encuentre a gente tirada en la puerta de sus casas, jardines o piscinas (ésta última sin siquiera usarla), tomando sol. Mujeres, hombres, jóvenes y adultos, se echan con ropa de baño y los dorsos desnudos tratando de broncear su piel blanca. Son días en lo que no se hace mucho, o prácticamente no se hace nada. Me atrevo a decir que para envolvernos un poco en la historia, en la rutina, el director se da el tiempo necesario (una hora) para que nosotros también sintamos que la película es densa y aburrida. Nos trata de contagiar del ánimo de días perros.

Seis historias se entretejen aquí, todas tienen algo en común: sexo, violencia, silencio y reclamos de una vida que no se soporta pero de la que no se puede escapar, aunque se intenten o se tenga la oportunidad; historias desesperanzadoras, hasta comunes.

Claudia es una joven bailarina de un nightclub, que tiene como pareja a Mario, un malandro que la humilla constantemente con el pretexto de los celos. Al otro lado encontramos a un anciano solitario que contrata a una mujer de su edad para que cumpla el rol de su esposa fallecida. Georgos y su ex esposa aunque ya no sean un matrimonio, conviven bajo el mismo techo y el mismo drama: su hija murió en un accidente. Otra historia, es la de una joven retrasada que pide constantemente a cualquier desconocido que le dé un paseo en carro, aunque nunca se sepa a dónde se dirige. Ella se cruzará con Hruby un vendedor de seguros que va de puerta en puerta tratando de convencer a la gente que le compre su producto. Finalmente tenemos la historia de una mujer de unos cincuenta años que vive sola, y tiene una relación de dos años con Wickerl, un borracho abusivo que tiene la misma edad que ella.

Humillaciòn

Wirckel humillado con una vela en el trasero. Lucky apuntándole y la mujer asustada.

El hermoso canto de la humillación

Anteriormente he dicho que el director presenta la película con ausencia de música para motiva la indignación o esperanza del espectador. Sin embargo hay un toque adicional con el que se expone la crueldad a través del canto. En la escena que Wickerl llega con Lucky a la casa de la mujer y ésta es humillada de diversas formas, desde hacerla tomar sin que ella quiera, golpearla, meterle la cabeza al inodoro, tirarle el trago o hasta hacerla cantar a la fuerza. La música, o mejor dicho el canto, la voz melodiosa de la mujer, hace un contraste enorme con la vulgaridad de la escena. Mientras Lucky ha vomitado, Wickerl obliga a la mujer a cantar “La cucaracha”, bastante simbólico usar este tema para esta representación, ya que a la mujer está siendo humillada de la peor manera y sobre todo, fortuitamente. Para ellos es un objeto de diversión que no vale más que es rebajado hasta la insignificancia como una cucaracha. La mujer se resiste a cantarla hasta el final y entona otra canción mucha más bella, más sublime, que de ninguna manera encaja con la escena. Wickerl pierde la paciencia y se desata mucho más violencia.

Luego de la humillación Lucky buscará a la mujer para pedirle “perdón”. El perdón es un pretexto para volverla a ver y confesarle que se ha “enamorado” de ella y que haría cualquier cosa por complacerla, incluso matar al desgraciado de Wickerl. Lucky no quedará satisfecho con la primera visita a la mujer, por lo que nuevamente irá a buscarla. Al entrar al departamento de la mujer encañona a Wickerl, aquí la venganza se torna retrospectiva a la primera escena de la humillación a la mujer, pero revertida sobre Wickerl. Hay dos cosas emblemáticas: Primero, el juego de repetir las palabras; un juego que Lucky propuso para entretenerse la primera vez, que constaba en que uno decía una palabra y el otro aumentaba otra, y el siguiente tenía que repetir ambas hasta que uno se equivocara. Algo como lo que llamamos teléfono malogrado. Segundo nuevamente el canto como forma de humillación: La cucaracha y además, el himno nacional austriaco, con una vela prendida en el culo de Wirckerl. Por momentos la mujer parece disfrutar del espectáculo, hasta se podría decir que hay complicidad entre Lucky y ella; aunque tampoco tiene otra opción: no puede escapar, ni controlar el juego. Lucky ya le había confesado que el día que la humillaron llegó a sentir un gusto perverso en cómo se sentía “tratar a otros”; traducido: cómo se sentía tener poder para someter. La mujer se quiebra cuando Lucky la obliga a quemarle la mano al “cerdito hijo de puta” de Wickerl, se arroja sobre él y le dice que lo ama. Se puede barajar que la caída de la mujer se deba a que a pesar de todo ame a Wickerl; tenga miedo de lo que pase después; o que él sea mejor que la soledad. Lucky pasó de ser autoproclamado superhéroe a víctima. Sale de la casa dejando Wickerl y a la mujer, se sienta en las escaleras, se hace un pequeño corte en la mano con su cuchillo y empieza a llorar desesperado. La sinceridad del dolor de Lucky únicamente nos puede convencer y conmover con su falla. Antes, en la escena donde habla a solas con la mujer, uno no puede esperar un arrepentimiento sincero, más se asemeja a una treta de él para convencer a la mujer de ser suya.

La lluvia

Ex esposos en la lluvia

La lluvia como lenguaje de soledad

Los guionistas disfrutan demostrarnos que su film se asemeja a la realidad (documental) y que la musicalización, en la vida real, no es cuestión de playback, sino de la composición natural que nace de los sonidos que nos ofrece la ciudad y la naturaleza, como la lluvia. Una escena importante de la película, y que llega a ser conmovedora sin usar el ardid de la música como incentivadora de los sentidos, es cuando golpean y violan a Anna la chica retrasada. Hruby que es vendedor de equipos de seguridad para casas tiene que comprobar a dos clientes suyos que sus productos funcionan. Estos clientes le piden que averigüe quién es ese delincuente que está rayando sus autos. Hruby, que ya una vez subió a su auto a Anna, se le ocurre que ella puede ser el chivo expiatorio para este problema. La lleva a una casa deshabitada, con lo que uno ya está imaginando una escena de violación. Sin embargo, lo único que quiere Hruby es no perder sus pocos clientes. Entonces encierra a Anna en un cuarto donde solo hay una cama y empieza a hacer las llamadas para concretar su plan. Primero llega una mujer que se encierra con Anna para golpearla, culpándola por haber rayado su carro. Después un hombre, que tuvo el mismo problema con su auto, llega a la casa, se encierra con ella, pero esta vez a parte de golpearla, la violará, o por lo menos eso se supone porque Anna en su ingenuidad le dice “¿Por qué te sacas el pantalón?”.

Hruby, no va a impedir el atentado, ni quiere ser parte de ello. Sale de la casa, se mete en su auto mientras que empieza la lluvia. No se irá a ninguna parte, esperará ahí afuera con el remordimiento azotando su conciencia. Georgos, el hombre que vive con su ex esposa, estará tumbado en su mueble, mientras por su ventana se ve caer la lluvia. El anciano Walter que le paga a Gerti, la ama de llaves de Georgos, por ser su esposa, también verá la lluvia desde su patio. Desde un balcón, Claudia la bailarina del Night Club, verá caer la lluvia con tristeza, con la mirada perdida. La mujer de Georgos le pedirá hablar, pero él no lo hará. Resignada saldrá a su patio donde aún están los columpios de su hija muerta. Se subirá a uno, mientras Georgos la acompaña en silencio sobre otro. Anna, caminará bajo la lluvia siguiendo a una mujer que reza en voz alta. El cuadro es triste y a la vez reflexivo. La soledad se acompaña con la lluvia y su musicalización natural lo hará sensible sobre todo los dos adultos en los juegos de niños que sin decirse absolutamente nada se acompañan. Esta escena toma un poco de tiempo, no hay quien escape de ella. No es sencillo superar las imágenes sin dejar tocarse por ellas si se entiende el contexto. La cámara los observa desde un único plano. Mientras ellos se balancean en los columpios, nosotros los vemos desde dentro de la casa, tan solo a unos pocos metros, como si fuéramos parte de ese mundo solitario que no se sabe si algún día se compondrá.

La gente es cruel…

En boca del viejo Walter hay un amargo sabor después de saber que fifí su perro ha sido envenado. El último diálogo es su privilegio y no perderá la oportunidad de recordarnos que “La gente es cruel”. Interesante frase después de ver su escena conectada a la de Lucky, cortado y llorando en las escaleras; y la de Walter, tirado en el suelo acariciando el cuerpo de su perro muerto.

La película inicia con violencia y culmina con inocencia. Anna da brincos de aquí a allá para encender la clase de luces que se activan con el movimiento de cualquier cuerpo. Nunca sabremos a dónde quiere ir Anna o si algo cambiará mañana. Tampoco sabremos si con el fin del calor se acabaron los días perros.

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