Carta a la sombra

Yadir G

Había una vez un grupo de cuatro hombres, entre ellos una mujer, que peregrinaban por el mundo juntos como hermanos sin ser de la misma sangre.

Caminaban largos tramos, algunas veces tropezando, sucios, con harapos; otras alegres, con vestimentas envidiables y celebrando triunfos en el corazón.

Andaban y andaban, y aunque tenían días difíciles como todos no se dejaban de alentar unos a otros para seguir adelante en este largo camino que les tocó vivir juntos.

Un día, cayeron en la cuenta que los seguían. Entre sus conversaciones siempre oían ecos cercanos, como si fuera los de sus propias voces, aunque estos ecos decían cosas distintas de las que ellos pronunciaban. Extrañados no dejaron de pensar en ello por un buen tiempo; aun así siguieron su sendero como siempre.

Pasó algún tiempo para que a uno de ellos se le ocurriera por fin resolver esta incógnita, sin embargo, dado que no sabía dónde se escondían sus perseguidores decidió idear un plan en total reserva antes de contarles a sus compañeros.

Una madrugada, cuando el silencio reinaba en el terreno de los sueños, abrió los ojos el creador del plan; sólo fingió haberse quedado dormido. Fue despertando sutilmente a su compañero más cercano haciéndole señas para que éste a su vez levante al que se encontraba a su lado. Por medio de anotaciones que hacían en medio de la oscuridad, y aun recostados en el suelo, decidieron irse lentamente del lugar abandonando su campamento y todo lo que había en él. Lo único que quedó de ellos aquel día fue la siguiente nota:

Queridos acompañantes, les agradecemos de corazón el tiempo que anduvieron con nosotros, que se tropezaron como nosotros, que por necesidad tuvieron que compartir el mismo vaso de agua como nosotros o que en las noches se tuvieran que desvelar cuidándose unos a otros como lo hacemos.

Al trascurrir el tiempo nos dimos cuenta que nuestras penas eran sus alegrías, que nuestra glorias eran su frustraciones, que nuestra unión era su discordia, y que nuestra comprensión sus dudas.

Decidimos marcharnos dejándoles todo lo que contenía aquella vieja tienda para que se sirvan como puedan de ella y que les quede el recuerdo de lo que fuimos para ustedes.

Sabemos que trataran de hacer lo mejor y que nos extrañarán, lo sabemos, porque una vez que despierten sabrán que sólo fueron nuestras sombras, sólo sombras, sombras de lo que somos.

Sólo sombras.

P.D: Dedicatoria especial a los que tratan de vigilar lo que hacemos para imitarnos. Vive tu propia vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s