El ladrón y las cucufatas

Yadir G.

El robo

Escuche el zumbido en una milésima de segundo, para entonces mi brazo ya se había desprendido de la maleta que llevaba cruzada a través de mi pecho y espalda. Atónito por el acto, me quede quieto observando como ese tipo extraño que me despojó de mi ser huía como un atleta corriendo 100 metros planos en menos de 20 segundos sin percatarse que mi diestra sangraba, pero qué debería impórtale, para él ahora sólo era una figura muerta en su memoria.

Me cuestioné si esta gente podía ser regenerada según sus habilidades y encontrarles un puesto en esta sociedad para que se desarrollen con humildad con su don y sepan ganarse un plato de comida diario sin hacerle daño a nadie; total, en las cárceles maquillaban de esa manera la situación para hacer entender a todas las victimas que un ser humano puede corregirse acatando un castigo ejemplar. Sin embargo no era momento para razón sobre la naturaleza de su acto y sus posibles soluciones, era momento de colocar la denuncia.

El Ladrón

Cinco minutos después del incidente, el ladrón se encontraba en un parque lejano de un distrito pudiente de la ciudad. Era el lugar menos válido para que un ladrón haga una revisión exhaustiva de las pertenencias que acababa de hurtar. La pobre inteligencia de esta fuerza bruta, lo expone en una situación apremiante para las autoridades ausentes.

Bajo la protección de un roble, sentado en una banca con luz baja caprichosa que le daba un ambiente atemorizante, el ladrón, fue sacando todo lo que encontró en la maleta; un libro, una revista, dos lápices, un par de periódicos, y un manuscrito. Nunca halló nada de valor.

A él lo no le importaba la situación porque su cuota diaria ya estaba cubierta, este era un plus fortuito mientras que esperaba la hora de regresar a casa. Ya eran más de las 9 de la noche, y desde el hurto ya habían pasado 20 minutos. El ladrón seguía sentado en la misma banca, el libro y el manuscrito estaban situados bajo del lugar donde estaba sentado, llegaron allí después de ser extraídos de su contenedor general. La revista y los lápices se quedaron dentro de la maleta.

Pasados 10 minutos y dos cigarros después, el ladrón se removía en el asiento de un lado al otro, incómodo, esperando a que pase el tiempo. No quería ir a casa porque no tenía una.

Las Cucufatas

En el parque tres señoras de naricitas simétricas, hechas con regla, paseaban a tres Poodles con zapatos, chompas y gorros mientras conversaban de una amiga en común que hace una semana había quedado viuda, después que su esposo fuera encontrado muerto a las afueras de un hotel de mala muerte con un frasco de pastillas de Viagra. El señor había dejado de tener intimidad con la señora, así que todo era obvio.

– ¡Dios santo! Es increíble cómo se dan estas cosas en una familia tan católica, ferviente, que todos los domingos asistía a la iglesia y comulgaba, como pocos matrimonios. Es el demonio que los tienta, y les muestra un mundo de placeres, regalándoles la infelicidad, la condena…
– No te sorprendas tanto querida, el hombre no puede conservar la fidelidad mucho tiempo, en algún momento de flaqueza perderá la cordura por la excitación de un cuerpo joven. En cambio a nosotras Dios nos mandó sensatas a este mundo para corregir su obra.
– ¡Ay! las dos tienen mucha razón, por eso las admiro. Es que este mundo ya no es como en nuestros tiempos, recuerden, era distinto más sano, no existía la corrupción del alma, éramos inocentes y puras hasta el matrimonio.

Sin darse cuenta, mientras los diálogos se extendían, las tres mujeres habían hecho una parada por orden de sus perros. Estaban situadas a unos metros del ladrón que seguía en esa banca ajena a los males causados, con el manuscrito sobre el maletín a su siniestra y leyendo el libro que recogió del suelo por curiosidad.

Diálogos con el libro

Supuso mucho esfuerzo de parte del ladrón leer en aquel sitio, hacía un esfuerzo desmesurado por leer los textos del libro y comprender las palabras.

Cada palabra era sonorizada por la garganta del ladrón, que había conseguido, por el esfuerzo de sus pobres padres, terminar la escuela primaria completa, por lo que sabía leer y escribir, pero ya lo estaba olvidando por falta de práctica.

-A l  h o m b r e  l o  c o r r o m p e  l a  s o c i e d a d…

“Al hombre lo corrompe la sociedad”, se lo había repetido diez veces y seguía pensando en cuál era el significado de esta frase con la que el autor hacía la introducción a su obra. Prosiguió leyendo el nombre del autor, la dedicatoria, y empezó, con dificultad el capítulo I.

Diálogo Esnob

Mientras que desde ese lado tétrico de la zona se encontraba el ladrón, a unos pasos de él seguían las señoras parlando sobre los últimos chismes de la aristocracia de esta ciudad.

– ¿Ustedes sabían que la Sra. De B. se ha vuelto loca?
– No… – las otras dos respondieron-
– Pues sí. No hace mucho se descubrió que era ludópata, adicta a los casinos y que todo su dinero fue despilfarrado en cuestión de unos cuantos años. A pesar de que perdía en reiteradas oportunidad y que sólo ganó un par de veces contadas con dedos de una mano, no tenía reparo en hacer apuestas con grandes sumas de dinero porque su esposo, -senil él-, ya había perdido la conciencia de sus bienes por lo que la esposa se aprovechó de ello. Ahora el Viejo Sr. B, anda demacrado,  vagando por las calles, y en muchas oportunidades la policía lo ha encontrado deambulando por distritos aledaños al nuestro, que dicho sea de paso, se han vuelto escandalosamente huachafos desde que llegaron esos comerciantes que venden papas y frutas en los mercados mayoristas y que guardan sus billetes en sus polleras, ¡qué horror! A dónde iremos a parar si seguimos así.
– Por ellos no hay que alarmarse, es como cuando llegaron los migrantes por primera vez a nuestra ciudad, creyeron que podían vivir aquí, como nosotros, pero ya ves, tuvieron miedo de dejar de ser ellos mismo, es decir, abandonar sus cerros, sus creencias, y regresaron por donde llegaron asustados, llorosos, volvieron a su realidad porque… Aunque, El mono se vista de seda
Mono se queda… – repitieron las tres al mismo tiempo y soltaron juntas carcajadas-

No fue un robo

Habían pasado aproximadamente 30 minutos en las que el ladrón leyó y re leyó el primer capítulo de la novela que constaba de 15 páginas. Le costaba mucho comprender el significado de algunas palabras porque nunca las había oído antes. Sin embargo, hubo algo en aquellas hojas que le interesó, que hicieron conexión con su propia vida y lo mantuvo concentrado en la lectura. Le gustó la historia que contaba esa primera parte del libro, y quiso terminar de leerlo todo, lo que comprendía 7 narraciones en unas 107 páginas, por lo que sin darse cuenta, lo que había hurtado no fue un robo en su totalidad, fue un préstamo, un derecho de todo ser humano.

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