El regalo que me prohibiste comprarte

Yadir G.

Para mi padre por su cumpleaños.

Te adelantaste, me prohibiste darte un regalo hoy; ambos sabemos por qué, pero este regalo es intangible y es lo mínimo que puedo darte por todo el amor que me das.

Criar un hijo a distancia no es nada fácil, y mucho menos evitar que ese niño sufra como otros, ese resquebrajamiento de la familia ideal en su pequeña mente y corazón. Hemos sido ese tipo de familia – de tres- por temporadas, que a veces duraban meses o años. Nunca me importó en lo más mínimo que vivas conmigo o no, no lo tomes a mal, mi corazón encierra grandes momentos contigo, jugando futbol en el parque; enseñándome a manejar en esa pequeña bicicleta con timón de “ovni”; jugando casino, golpeado y ocho locos en mi cómoda cama de una plaza hasta tarde; trayéndome mis galletas en la noche cuando llegabas a casa después de los días en el que te ibas a trabajar; viendo películas en VHS; cargándome en tus hombros largos tramos (¡cómo me gustaba esto!); visitando el Parque de las Leyendas a menudo; o cocinándome en esas ocasiones que mamá estaba cuidando a mis hermanos. Lo que sucede es que nunca me faltaste, viviendo o no conmigo, siempre estuviste ahí para mí, en cualquier situación que te necesitase. Te lo agradezco infinitamente.

No fui un buen estudiante, ni en el colegio, ni en el instituto, creo que las mejores notas que saqué estuvieron en la libreta del nido “Santa Rosa”, el lugar de las maravillas donde todos sacamos “A” por actividades básicas, asearnos, pintar, cantar, etc. Reflexionando un poco en este momento, no sé cómo se hace para mantener la cordura cuando un hijo repite de año dos o tres veces, y no pensar que es un “bueno para nada”. Sin embargo nunca pensaste eso de mí, nunca te enfureciste –como lo hacía mamá- cuando llegaban las malas noticias de mis notas reprobatorias, toda esa lista roja con ceros siempre adelante, y a punto de perder el año. Simplemente reaccionabas de otra manera, me animabas a superar estos retos, aunque todos los veranos te hicieron pagar por mis cursos de vacacional. A veces pienso que te fallé en esta parte, y es obvio que lo hice, sin embargo sé que es mi persona, lo que soy, sin condecoraciones, lo que te hace sentir bien al verme. Cuanta comprensión me diste Papá.

Mamá siempre fue un poco tosca para hacerme entender que debía ir por el camino del bien, que era estudiar y no salir de casa. Siempre fui rebelde con ella, aunque contigo nunca supe que es ir en contra de una regla, no era necesario usar grito, reproche o golpes, sólo bastaba con saber que tal vez te enfadarías para no ir en contra de tus recomendaciones. Nunca te vi molesto conmigo, o no por mucho tiempo ni siquiera al hacerte berrinche en la calle, tirarme al suelo, patalear por un juguete, que finalmente me comprabas y terminaba roto por mis travesuras.

Paciencia es una de las características que te definen, y que seguramente te robe con el tiempo y la hice mía. Comprendiste muy bien desde tu experiencia que a un hijo no se le debe dibujar las líneas por las que debe andar, sino es él mismo el que debe trazar sus pasos; la función del padre es acompañarlo. Viene a mi memoria el día que ingrese al instituto, fuiste al primero que llamé y te alegraste, para mí fue el doble de emotivo porque te sentí feliz, eso fue un gran mérito para mí.

Me reconforta escuchar tu historia de cómo te hiciste y elegiste tu camino sin tener el respaldo en tu familia y las trabas que te pusieron para que no sigas tu sueño. Siento que lo vivo ahora, es mi presente que se está volviendo similar a tu novela. Tengo gratitud, egoísta, para el destino por darte esas experiencias que se guardaron dentro de ti, y cobijaron el sueño de no hacerme lo mismo a mí. No me hubiera gustado que me escondas mis cuadernos donde escribía poesía, como a ti te ocultaban tus chimpúnes, o que no me visitases si hubiera elegido ser Hare Krishna, como tú elegiste ser policía.

Debo agradecerte el apoyo que siempre me has dado con amor, perseverancia y paciencia, esa mescla de cualidades que vinieron en mis genes desde tu sangre. Siento alegría al saber, que sin esfuerzo soy muy parecido a ti, no sólo en lo físico, sino en la historia que espero escribir algún día para contarles a mis hijos así como me narras los episodios de tu vida siempre.

Recuerda darles golosinas a mis hijos así como me engreías a mí.

Gracias por darme la vida y enseñarme a caminarla.

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