Autobiografía

Por: José Arén Aclos

“Yo Nací un día que Dios estuvo enfermo, grave” *. César Vallejo y yo parecemos alumbrados por el mismo vientre, cortados por las mismas tijeras hostiles que nos alejaron de nuestra madre y nos expulsaron desnudos a un mundo de infortunios. No es una comparativa de obra, jamás podría atreverme a profanar esa leyenda que vive en sus textos, ¡es imposible!,  inaudito,  es una negación universal, absoluta, porque sólo soy  un desconocido, que conoce también la soledad y se hermana con tantos otros en la tierra que cargan con el mismo peso.

1980 es el año del que me arrancaron del vientre de mamá; finales de Siglo XX, aunque me hubiera gustado nacer a finales del XIX y vivir de la creatividad que se respiraba hasta finales del XX.

De mi niñez, guardo sólo trocitos de felicidad en el corazón; no se pueden saborear mucho por que se diluyen en el alma y gustas más. Así que saltare años como salte de casa en casa durante gran parte de mi adolescencia para hacer más breve esta biografía.

Ser espectador de escenas montadas de la obra más vil para un niño, la violencia domestica, te cose la boca, tapa con desmesurada cera tus oídos y te aísla. Pero no quiero ser victimizado, ni indignar a los lectores, ni hacer participes del rencor, es una parte de la vida que no quieres exponer. Esto no justifica mi obra, ni es parte de los reclamos en mis textos, simplemente es una etapa quemada que fue superada, aunque por mi propia cuenta me libere de las cadenas.

La escuela nacional no es fácil, tienes que jugar a ser ágil, abrirte camino antes los mayores y repartir golpes; si es que aciertas uno. El rojo le ponía un tono trágico a mi libreta de notas, nunca fui bueno en el colegio, menos en matemáticas. Mientras que algunos hacían ejercicios físicos para fortalecer los músculos –era una moda-, yo me mantenía en el ejercicio de las letras, en el fortalecimiento del alma. De entre todos esos vulgares párvulos que mostraban sus dotes a las niñas con cerebro de plástico, estábamos con un par de amigos que escribíamos poemas y un poco de literatura. Nunca fuimos un cenáculo de creadores, al contrario fuimos individualistas en nuestro trabajo. No fue fácil llevar la relación de una personalidad altruista con los estudios, por lo cual mis padres siempre se llevaban vergüenzas, empero individualmente siempre fueron mi apoyo. Hay padres malos, los conozco, no directamente, pero si fueron adyacentes a mi familia.

Nota: Manuscrito no terminado.

*Espergesia de César Vallejo

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