Conversaciones con el espejo

Por: José Arén Aclos

¿Haz crecido?

Tengo 32 años…

Lo sé, sigues perdiendo el tiempo en pequeñas cosas haciéndolas grandes…
¿qué haz conseguido?

Trabajo estable, títulos, aprendizaje…

Galardones que tu mismo te colocas e inventas en muchos casos. Ninguno de los mencionados – y a propósito te detuve para que no sigas con el absurdo- son validos dentro de la sociedad en la que crecimos. ¿Qué vas hacer?

Me siento bien así, me siento bien conmigo mismo, porque he hecho hasta ahora lo que he querido…

Si, “lo que has querido”… Creo que ahí esta el eje de la problemática, lo que sucede es que a tus ojos son grandes pasos, y para los que te rodean es sólo aire. ¿Qué te consuela ha seguir buscando este camino?

El mérito propio, que no hace daño a nadie.

¿No hace daño a nadie? ¿Lo puedes asegurar? ¿Y qué es de aquella que te acompaña y siempre sale lastimada por tus infantiles errores?

En la vida estamos para ser felices.

¡Que miserable eres! ¡Egoísta!, el mayor de todos y el más absurdo. Te ufanas de haber conseguido todo sin tener nada.

Ése es el punto donde partió mi vida, desde que tengo uso de razón. Desde que compartía mis juguetes con otros niños, escribía poemas para que mis amigos puedan enamorar a una niña o cambiándole mi calificación de un curso que debí aprobar a un compañero que no podía jalar.

Aquí vas nuevamente con el discurso del “desprendido”, del más humano que los demás, del sensible que nadie puede entender. ¿Y qué tal tu pasado? No eras tan santo como te vendías ¿verdad?

Cometemos errores, siempre lo hacemos, somos seres humanos, parece estar en nuestra naturaleza como lo esta el pecado.

Tus respuestas “filosóficas” no convencen a mi razonamiento. Siempre estas maquillando las respuestas con formas románticas para justificarte.

Es posible. Aun no puedo aceptar que haya ido contra una de las leyes que regían mi vida. Es realmente difícil superar el pecado. Cerrar los ojos, quedar ciego, no es una opción de evasión para los errores, porque nos quedaría el tacto.

Realmente te puedes sentir tranquilo cuando el mundo te abofetea a diario. Es decir, todo nos jode y no explotas, pero tu rostro, a modo de respuesta, emite una seriedad temible, que ha hecho que te consumas en pocos años; ahora sólo eres un viejo al lado de jóvenes.

Envejecí mucho en este tiempo. Me duele verme al espejo, ver que estoy con una camisa manga larga, lentes y una protuberancia en la zona abdominal donde antes existían formas envidiables para otros, inclusive para mujeres.  Estar rodeado de jóvenes veinteañeros que están descubriendo el mundo de tu mano, es algo que me atemoriza, es escalofriante que te vean como un padre, cuando aun no tengas hijos por quienes preocuparte. ¿Cómo podría zafarme de esto?, ¿siendo alegre?, ¿protector?, ¿Volver a hablar de manera inadecuada?, ¿volver a ser joven?, no lo sé, pero puedo decir que lo intenté muchas veces y ahora es la vergüenza de la experiencia que me hace cesar.

Me preguntaste, si me jode el mundo, y te diré que sí, como a todos. Es natural. Todo este tiempo me he convertido en un vigilante anónimo, un observador, un psicólogo sin sueldo, ni experiencia, ni estudios. Sólo un observador del comportamiento, de nuestro comportamiento.  Esto ha tejido algunas posibles respuestas a los ataques del ser hombre y me ha hecho ver que todos nos equivocamos por naturaleza. Trato de no juzgar la conducta, sino de comprenderla.

Esos libros que leíste, cuanto te han cambiado… Hablar de cambio no supone siempre que sea bueno, creo que podría decir, “esos libros que leíste, cuanto te han dañado”.

Eso lo creen muchos, pero el cambio en este aspecto se perfila bueno. Antes de leer con compromiso de aprender, no sabía nada del mundo, ni entendía el rol del ser humano en la tierra. Ahora, no puedo decir que conozco el mundo por medio de los libros, creo que esto defraudaría a los autores de esas magnificas obras que mis retinas y mi corazón registraron de por vida. Creo que es un incentivo para desarrollar mi intelecto…

Pero te has atrevido a cuestionar a Dios, como si fuera el único ser de este mundo…

No debo ser soberbio, creo que me han malinterpretado. Los libros animaron mi escaza intelectualidad a despertar, a ver el mundo y preguntarme a menudo la razón de todo. Hasta aquí parece que volviera a mis primeros años de vida, cuando empecé a hablar y pregunta a mamá o papá el porqué de las cosas. Tal vez podría ser, que debido a que he envejecido tanto, estoy utilizando mi reserva de distracción en estos momentos, en vez de esperar que la piel se arrugue como debe y poder pasar lista de los cuestionamientos que me hago en este mundo. Sin embargo, esas páginas que me propuse consumir endiabladamente, no son la orientación del fundamento de mi vida. Su función fue crear diversas carreteras desde mi cerebro hacia el camino de mi corazón y mi alma.

Los libros te han influenciado tanto porque nunca tuviste una filosofía de vida seria…

Esas son tus conjeturas, no las mías. Debo decir que desde aquellas épocas donde reconocí que era “malo” y “bueno” decidí vivir en paz conmigo mismo y no hacer daño a los demás. Esa siempre fue mi filosofía de vida, “vivir para el resto”.

Los autores que leí, no metieron ideas en mi cabeza, sino que me confirmaron que no soy el único que piensa como ellos (o ellos como yo) acerca de algunos aspectos de la vida en los que muchos no toman importancia, pero que para nosotros son los matices que te harán la vida mejor…

Ahí vas nuevamente comparándote con grandes escritores. No eres nadie…

Cierto, estoy convencido de ello. No soy un gran escritor. No sé escribir, pero sé sentir.

No te puedes comparar ni un lo más minúsculo con ellos.

Por supuesto que no me comparo con ellos, porque como bien dices, no soy nadie. Cuando hice el intento de hacer mis primeros “escritos en forma de denuncia social”, uno de mis mejores amigos, -no sé si ahora lo puedo llamar así-, me abucheo en público, me humillo, lejos de comprender lo que quería hacer de mí mismo, se dedico a burlarse y darme a entender que lo hacía realmente mal –tal vez como ahora-. En aquel entonces aparente que mi corazón no estaba dañado, pero no fue así. Comprendí que la manera en la que me conocía este “amigo” era diferente de la que yo quería ser. Esto me sirvió de lección para alejarme de la pluma y meter mis ojos al estudio autodidacta –como todo en mí- para mejorar. Quiere decir que el daño se volvió mi propia cura y salvación para el camino que quiero.

La autodidaxia… ¿No te sientes ignorante? ¿Imposibilitado de ser académico? Creo que tienes miedo, porque no saldrías bien librado de esa lucha.

En algún momento tuve miedo de estudiar. Quise aprender en la escuela y no podía. Siempre pensé que la escuela era un sistema perturbador para unos niños, una mini cárcel donde los profesores son máquinas en un mundo destruido, donde nos preparan para ser infelices con esos pobres conocimientos.

Esa siempre fue tu excusa… El sistema…

De grande descubro que no me equivocaba al pensar eso, en aquel tiempo. Aprender sistemáticamente, de memoria es el peor error del ser humano. Debemos relacionarnos con lo que vemos. Ya lo dije anteriormente, no son sólo los libros, irónicamente, lo que nos muestran como nos debemos manejar en la vida.

Siempre enamorado de tus historias; tu mismo te las inventas.

Por un lado que lastima que sea así, y por el otro lo agradezco. Es dejar de soñar, pisar el suelo y volver a encausar todo en los textos. Este es lo característico de un novato escritor como yo, el enamoramiento. Acepto que he perdido mucho por enamorarme de mis sueños, de esas ilusiones que finalmente no tienen pies ni cabeza. Es sólo mi imaginación y mi corazón que quiere sentir como la primera vez en todo: Cuando era niño, adolescente y joven.

Te has dado cuenta de las tonterías que haces. De las estupideces que te ponen en peligro.

Antes de dañar a la persona que amo, no me daba cuenta de lo peligroso que es soñar y no estar con los ojos abiertos. Pero una vez hecho el daño, lo entiendo. En el fondo es sólo una carencia de una juventud de sinsabores que dejan una mezcla de lugares vacíos y de etapas no quemadas. Hice el amor con una mujer de la que me aproveche para satisfacerme, sin contar que ella podría darme amor en ese acto. Mis amigos contaban con sus historias de cazadores buscando a presar todos los fines de semana. Muchas veces no los envidiaba, pero otras sí. Es el statu quo de esta sociedad machista que finalmente me tentaba a entregarme al pecado, pero nunca lo logró; o por lo no por completo.

Que ridículo decir,  “por lo menos no por completo”. Eres poco hombre para asumir tus errores como se debe.

Dentro de mi anterior esquema de concepto preconcebido para este tipo de ocasiones, lo que hice no estaba mal, porque buscaba experiencias por las cuales valerme para escribir.

Pero eso que tiene que ver con el daño que dejaste.

Ahora veo que nada. Fue un error que mi filosofía asumió viéndolo del lado más humano, que yo también me equivoco.

Ahora crees que esta justificado tu daño.

No lo creo, nunca lo va a justificar, porque todo cambia. La forma en la que te mira la persona a quien le hiciste daño, le transforma la vida, la hace desconfiada, insegura, penitente, finalmente es como dar muerte a sus ilusiones de la manera más despiadada, y esto es horrible, es un peso que no quisiera que nadie cargue y que me atormenta cada día. Es un castigo perpetuo.

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