Crónica de viernes: El Seudo intelectual

Por: José Arén Aclos (Sr. Rosen Melo)

No hay nada más interesante de una crónica de viernes que conocer a un seudo intelectual.

Soy público en todo el sentido de la palabra, pero reservado en mis admiraciones. No me place rodearme de gente que guste tertuliar, soy pésimo por mi conducta antisocial; es natural, no hay poses en ello.

Decidí ir  a una casa cultural que organiza viernes literarios porque me llegó información de dos eventos interesantes: la presentación de una nueva revista literaria, editada por jóvenes universitarios de diversas áreas del arte; y la presentación de un poemario para el que reservaba muy buenas expectativas.

Esperaba con cierta ansía la presentación de aquel poemario por ser la autora, de cabellos lilas que la disfrazan de una agradable juventud, miembro de la generación del 60. Me hallaba entremezclado -siempre guardando distancias- entre la gente, muchos entre los que se encuentran aquellos que adoran fanfarronear de sus dotes literarios a los novatos como yo, cuando mi cuerpo rígido se inquietó por un par de golpes molestos, en mi hombro izquierdo, que simulaban el tocar de las puertas de un asesino fríamente calculador. El osado “asesino”, emitió palabras poco familiares para un desolado y cauteloso personaje como yo:

-Buenas noches caballero, soy “Fulano de Tal”, ¿cómo la esta pasando?

Una sensación rara recorrió mi sistema nervioso sin saber activar las defensas o bajar la guardia; me dejó confuso. Me preguntaba éste, cómo estoy, ¿me estaba hablando?

La sorpresa no ha de hacer que me olvide que mi madre me  enseñó, a veces con delicadez y a veces con violencia, lo que es el respeto. Entonces replique:

-Buenas noches, mucho gusto.

Este nuevo personaje fotografiado y clasificado en mi archivo mental, me pregunta mi nombre, porque ha de darse cuenta benéfico lector que no le dije como me llamo, por lo que me vi obligado a responderle de esta sencilla manera:

-Me llamo Mengano  señor, gracias por preguntar.

Él vuelve a tomar la iniciativa tratando de ignorar mi escueta presentación sin ánimos de interactuar, respondiendo con la más patética presentación que ningún hombre debe imitar.

-Muchos gusto Mengano, le repito mi nombre. Me llamo Fulano de Tal, soy escritor e intelectual. Seguramente usted me conozca. He escrito “tal obra”, bajo el prestigiosísimo sello editorial “tal” que esta en todas las librerías a nivel nacional.

Esta presuntuosa presentación mermó la poca expectativa que tuve en ese momento de hacer un amigo; cosa que demanda gran esfuerzo en mí. Y respondí, como mi humildad me permitió:

-Disculpe Ud. Sr. Fulano… no conozco la obra de la que me habla, y con todo respeto, ni siquiera había oído hablar de ella antes de que saliera de su boca.

Esta humilde y sincera respuesta condeno el principio y el fin de una amistad con un anheloso ostentador de títulos sobrepuestos.

No conocía, no conozco, ni quisiera conocer nada de este señor que se autoproclama “intelectual”, cuando un verdadero intelectual no necesita rótulos para que el país sepa quien es un hombre ilustre con un legado de obras importantes para el mundo.

El que este Sr. Fulano, haya publicado un libro, no es ningún mérito extraordinario, hoy en día las imprentas han abierto mucho más espacios para los noveles escritores. Aunque no quisiera ser prejuicio, ni desmerecer todo el mérito de su obra, esta presentación me deja con la sensación que es mejor desconocerlo y decepcionarse, que leerlo y decepcionarse el doble.

Anecdótico.

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