El Índole humano de la religión

 “Que se te vaya la vida, hermano,
no en lo divino sino en lo humano,
no en las estrellas sino en tus manos.”
El estribillo del turco – Pablo Neruda

Aves sin nido (1889), Índole (1891) y Herencia (1893) conforman las obras novelísticas  de Clorinda Matto de Turner (Cuzco, Perú 1852 – Buenos Aires, Argentina 1909).

El disfraz de la religión en Índole

La relación que guardan todas las novelas de Clorinda Matto, es la constante denuncia hacia la iglesia, específicamente a los sacerdotes y su celibato. Críticas, impresas e inmortalizadas en papel, que tuvieron un precio alto: la excomulgación, sumado al repudio de los adeptos a esta doctrina.

Índole desarrolla una historia, donde los personajes están sometidos por las mañas de un cura (Isidoro Peñas) que esta enamorado de Doña Eulalia (Esposa del personaje principal, Don Antonio López). Eulalia antes de haberse casado con Don Antonio, fue una seguidora ferviente de los aposentos divinos. Al inicio de su matrimonio, Don Antonio le prohíbe seguir visitando la iglesia. En la confusión en la que vive Eulalia por el misterioso comportamiento de su marido, recibe la visita del cura que la invita, mejor dicho, la obliga prácticamente ha visitarlo y a regresar a su antigua fe para que Dios le provee de las respuestas que necesita.

La hipocresía del celibato 

El cura Isidoro Peñas siempre estuvo enamorado de Eulalia, enamorado como hombre, como ser humano. Ese amor lo escondió bajo el poder divino que le prestaba su indumentaria para manejar a todo el pueblo, con el único objetivo de quedarse cerca de Eulalia.

El momento critico en el que se desenlaza la historia, es cuando el osado cura besa y amenaza a Eulalia, siendo descubierto por el mismísimo Don Antonio que ve en la escena la infidelidad y desdeña a su esposa. Eulalia, bajo el juramento de no mencionar nada de lo que sucedía a su marido por culpa de Isidoro, quien la amenazaba con presentar los papeles que había descubierto del fraude que estaba a punto de cometer Don Antonio, no pudo lograr desmentir lo que los ojos de Don Antonio estaban viendo.

Después de que Eulalia le cuente toda la verdad a Don Antonio, éste saldrá a buscar al cura para matarlo. Isidoro logra huir ha sabiendas de lo que iba a pasar, por lo que Don Antonio no logra hallarlo.

Doña Eulalia y Don Antonio, al final de la novela, coligen que deben reconstruir su amor en otra ciudad, por lo que abandonan Rosalina, pueblo andino ficticio que sirve de escenario para la novela.

El cura trasluce la debilidad que los clérigos sienten en ese claustro por su condición humana, alejándose cada vez más de lo divino y chocando contra el suelo como los demás seres de carne y hueso que estamos embadurnados de todo tipo de pecados.

Clorinda hace una denuncia cuasi policial. Detrás del traje elegante en el que se esconden estos tan llamados  hijos de Dios, se usa la influencia celestial para cometer fechorías del “mundo” (los católicos llaman “estar en el mundo” a todo los que se someten al pecado de la carne).

Recalco que esta denuncia le valió, desde su primera novela, Aves sin nido, ser excomulgada, ser desdeñada por la gente y ser expulsada del país. Sería en Argentina donde residiría hasta sus últimos días, 1909.

El siglo XIX del que fue parte Clorinda, no se mantiene ajeno a nuestra realidad. Sabemos que los casos que guardaban celosamente la Iglesia Católica son cada vez más ventilados. Casos de denuncias de pedofilia se hacen mucho más comunes, por lo que se sigue desprestigiando esa institución que se creó como ejemplo de entereza para quienes buscan salvarse al final del tiempo menciona en la Biblia.

Creo que para Clorinda como para muchos, el celibato sigue siendo una promesa soluble ante los ojos humanos y debería ser revocado para dejar de lado las hipocresías entre los hombres en la tierra.

A diario se ve la afluencia de gente arrodillada, cantando, rezando, con vestidos blancos, llorando, grandes o pequeños, hombres y mujeres, jóvenes o viejos, dentro de la casa del Señor. Quienes han pugnado por hacer de la religión Católica superior a las demás opciones de fe, por derecho a cantidad de adeptos. Empero, sus acciones merman el lustre que gustan sacarle a su iglesia.

por: Yadir Gómez

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